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I

En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas

el tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito

en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores las formas

torre homérica, ligero caballo, armada reina,

rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,

cuando el tiempo los haya consumido,

ciertamente no habrá cesado el rito.

En el oriente se encendió esta guerra

cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra

como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgado alfil, encarnizada reina,

torre directa y peón ladino

sobre lo negro y blanco del camino

buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada del jugador

gobierna su destino,

no saben que un rigor adamantino

sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar)

de otro tablero de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste la pieza.

¿Qué dios detrás de dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?

De Ajedrez la dama negra

de Ajedrez y de canela

con su lustre de caoba

su cintura de canoa.


Mueve el viento lentejuelas

hace diablos con la arena

y la dama, dama negra

mueve el mar en sus caderas.


De Ajedrez la dama negra

y la música en sus piernas

electriza la jornada

que termina en la taberna.


Por su ojos va la huella

que te lleva hasta su puerta

ten cuidado con sus ojos

que los abre y que los cierra.


Dama negra en el incendio

Ajedrez a pleno fuego

y el azúcar Capablanca

Genio Cuba, Cuba y danza.


Muere al fin la dama negra

y al morir deja su hembra

y en los peones transformados

vuelve al ruedo y al fandango.


(Fuente: Cancionero del Ajedrez)

Porque éramos amigos

y a ratos nos amábamos;

quizá para añadir otro interés

a los muchos que ya nos obligaban

decidimos jugar juegos de inteligencia.


Pusimos un tablero enfrente

equitativo en piezas, en valores,

en posibilidad de movimientos.

Aprendimos las reglas, les juramos respeto

y empezó la partida.

Henos aquí hace un siglo, sentados,

meditando encarnizadamente

como dar el zarpazo último que aniquile

de modo inapelable y para siempre, al otro.

Caballos rojos, alfiles pardos, reinas brillantes,

acometen el tablero, saltan en poderosas L,

se desplazan y atacan en ángulos,

se apoderan de las filas de un color.

Este tablero está vivo con luces;


Estas piezas están vivas en su forma,

sus movimientos quiebran, cambian las formaciones,

luminosa es la templanza de las torres

que choca con las X de las reinas,

enlazadas por los saltos del caballo.


¡Los peones en Y, uniéndose, se abren paso!

¡Remolino!, ¡fuerza centrípeta!, ¡mate!

El rey cae hacia el vórtice,

los bandos chocan, saltan con ímpetu,

son líneas rectas de inflexible color,

son inteligencias tratando de destrabar el juego.

Son fugas. Se reanuda la contienda.

Antonius Block jugaba al ajedrez

con la Muerte, junto al mar

sobre la arena salpicada de alfiles

y caballos derrotados.

Su escudero Juan, mientras tanto,

contaba con los dedos las jugadas,

sin saberlo,

en la creencia de que lo que contaba

eran peregrinos de una extraña

caravana.


(Y a mí que no me gusta el ajedrez

sino en raras circunstancias.

Yo, que pude luego de perder

estruendosamente una partida

beberme una botella con el ganador y

sostenerle el puño en alto).


Pero Antonius Block sin duda

era un eximio ajedrecista

no obstante haber perdido

el último partido de su vida.

Antonius Block, quien volvía de las Cruzadas,

no tuvo en cuenta que a Dios

no le habría gustado el ajedrez

aun cuando de veras

hubiera algún día existido.


Afortunadamente todo esto sucedía

en una sala de cine.

El mundo en miniatura

en tres metros cuadrados a lo más.

Los otros personajes han pagado

las consecuencias al terminar la función.

Sería bueno sostener ahora

que el ajedrez está algo pasado de moda.


A pesar de la costumbre por los símbolos

y de los cuadraditos blancos y negros irreconciliables

en que se debate la vida a coletazos.

Voy a cantar un poema sobre una batalla en regla,

antigua, desde tiempos remotos consagrada,

que gente inteligente y entendida organizó,

instituyéndola sobre ocho hileras.


Hilera tras hilera, en todas hay grabadas

sobre una tabla ocho divisiones;

son las hileras cuadros taraceados,

donde las tropas se mantienen apiñadas.


Con sus mesnadas unos reyes se sitúan

dispuestos a batallar, y hay espacio entre ellos dos,

los rostros de todos para luchar están prestos,

continuamente están o saliendo o acampando.


En su lucha no desenvainan espadas,

pues su guerra es un asunto de ingenio,

se les distingue por símbolos y enseñas

en sus cuerpos inscritas y talladas,


Y quien los viera agitarse

creería que se trata de idumeos y cusitas,

cuando los cusitas al combate lanzan sus manos

salen los idumeos a por ellos.


El rey camina por sus [casillas] contiguas

en todos los sentidos; a sus siervos ayuda,

cauto se muestra en su reposo o en su salida

a luchar, y también en el lugar de su acampada.


Si su enemigo terriblemente contra él sube

y le amenaza, huye entonces de su territorio,

los infantes son los primeros que salen

a la guerra, siguiendo un camino recto;


es la norma del infante que camine frente a sí

y para capturar a su enemigo se desvíe;

pero al caminar no torcerá su marcha

ni volverá atrás sobre sus pasos.


Si se aleja y emigra de su territorio

y hasta la octava fila se allega,

a todos los frentes cual general puede volverse

y es su forma de luchar a la suya equiparada.


El general puede desviar sus pasos

y movimientos a sus cuatro esquinas;

y si quiere puede dar al principio,

en cualquier sentido, un salto triple por la senda.


El elefante al combate va acercándose

se sitúa como emboscado por el flanco;

cual la del general es su marcha, pero tiene

la ventaja de que es triple.


El caballo en el combate es muy ligero de patas

y camina por sendero tortuoso,

sinuosos sus caminos y con cuestas;

por tres casillas se extienden sus dominios.


La torre marcha recto en su camino

a lo largo y ancho del campo;

rutas tortuosas en verdad no busca,

su senda no es oblicua ni torcida.


Si su enemigo terriblemente contra él sube

y le amenaza, huye entonces de su territorio;

y si el roque con hostilidad le arremete

y de aposento en aposento le persigue,


hay veces que de su presencia huye

y veces hay en que sus turbas le protegen,

si se matan todos ellos entre sí,

uno al otro aniquila con gran saña.


Los héroes de ambos reyes

son vulnerados sin que haya sangre derramada;

a veces prevalecen sobre ellos los cusitas,

y ante éstos los idumeos huyen;


Hay veces en las cuales predomina Edom,

y los cusitas con su rey en el combate desfallecen.

En la trampa que le tienden al rey, es capturado

sin clemencia, es atrapado en sus redes


Y no hay refugio para salvarse ni hay escape,

ni hay huida a ciudad amurallada o de asilo;

junto al enemigo es condenado y derribado;

sin salvador, se dirige dando tumbos a la muerte.


Por él todo su ejército moriría,

se pondrían como rescate a cambio de su vida,

quien era su gloria ya partió, y no son nada

cuando reparan en que ya fue derrotado su Señor.


Pero vuelven a luchar una segunda vez

y hay para todos sus muertos resurrección.

Baldosa de madera, cuadriculada,

sesenta y cuatro casas ocupan tu explanada,

con filas y columnas enumeradas,

formas un crucigrama de blancas y de negras.


Casillas alternadas; para ubicarlas

basta con un sistema de coordenadas,

tablero misterioso, liso, mas intrincado,

Intrigas los cerebros de los superdotados


Y estrujas las molleras de los aficionados,

a la mesa sentados, dos caballeros,

el uno frente al otro, los dos frente al tablero,

el fuego en sus miradas y la emoción por dentro,


Un apretón de manos presagia un duro duelo,

el juego es una guerra entre dos pseudoejercitos,

fichas, en talla de madera, son sus guerreros,

la dama ordena y manda, poderosa mujer


En todas direcciones ejerce su poder

rompiendo corazones, acullá y por doquier;

el rey, el soberano, no es el quijote en lanza,

de zancada muy corta parece un sancho panza,


Ha de cuidar su vida, se enroca y encasilla,

si le dan jaque mate, acaba la partida;

los alfiles son flechas que en diagonal atacan

por vereditas negras y vereditas blancas.


La torre es un ariete de inusitada fuerza

en línea recta embiste, arrolla cuanto encuentra

siempre y cuando las puertas

estén de par abiertas


El caballo es feroz, salta que salta,

Con una simple coz a su enemigo mata.

Las figuras menores son los peones,

Infantería chica, en comandita


Forman un frente,

trenzado y resistente;

y si es imperativo, se sacrifican

para que su bando siga en liza.


Se inicia el juego,

el jugador con blancas mueve primero,

las negras con valentía,

querrán a toda costa tomar la iniciativa.


En la apertura, ganar el centro

con máxima premura, es de los dos empeño.

con grácil sutileza y con sus dedos

mueven todas las fichas por el tablero,


De la apertura se pasa al medio juego.

es un punto álgido,

un cuerpo a cuerpo,

entre la inteligencia de dos cerebros


que con todas sus fuerzas

urden planes aviesos,

tácticas y estrategias;

a son muchos los muertos.


Final de juego, así se denomina la última fase,

el desenlace acaba en unas tablas

o en jaque mate,

vencedor y vencido chocan sus manos


Cariacontecido el uno, el otro ufano.

expertos aconsejan jugar al ajedrez

para que muchas mentes

piensen con lucidez.


Yo, un mero aficionado,

jugando me entretengo,

pasando buenos ratos

al tiempo lo detengo


Y el aburrimiento mato,

de este tan bello juego,

Para la historia,

quedaron muchos nombres


De grandes jugadores

y excelsos campeones.

del muro de mi amor son un afiche:

Morphy, Capablanca y Bobby Fischer.

Quien entienda de caballos

que lo aclare de una vez,

¿a qué raza pertenece

el caballo de ajedrez?


No le gusta el campo,

no sabe comer,

ni lleva herraduras,

ni puede correr.


¿Qué caballo es ese?

¡¡ El caballo de ajedrez !!


(Fuente: Club de Ajedrez Jóvenes Talentos, Canarias)

Indescriptible paciencia me es necesaria

para descifrar

los próximos movimientos y no perder este

complejo juego

de ajedrez, en el cual yo, un simple peón

estoy a disposición

y protección de ti, mi rey.


Cuya consecuente le ha declarado la guerra

a mi corazón


Aquí me encuentro en la primera línea

de las tropas

esperando escuchar el fuerte sonido

de tu corneta.


Que marcará el inicio de la batalla

mientras espero

mi corazón es transportado al lugar

de tu habitación


Deseo estar allí en cuerpo y esencia

para poder

sentirte y hablarte al oído los secretos

de mi alma


Para explicarte el porque estoy sin estar,

el porque entro

y salgo sin siquiera despedirme

o porque no me atrevo

a tocarte aunque todo mi cuerpo arda en llamas

por hacerlo


Aquí entre las líneas de fuego de mi mente,

entre las ráfagas

Y los silentes disparos de mis ideas

viendo otras perspectivas, observando otros

horizontes

un tanto lejanos de los tuyos, tal vez preciosos,

tal vez

no tantos, siempre vuelvo a ti, a tu lado

simplemente

porque eres la parte perdida de mi alma


Que alguna vez se marchó en la nada,

Sólo dejando

El recuerdo dulce de sus letras


(Fuente: Mujer de Huellas. Mundopoesía.com)

En la disputa hay mucho más,

Que un brillante trofeo y la corona

Que endulzará al menos por un rato

A tu insaciable ego.

Las piezas te buscaron desde el inicio,

El árbol o el elefante,

con alegría se resignó a su suerte,

la suerte de buscarte por los siglos,

la suerte de llegar hasta tus manos.

Detrás del juego se oculta,

Un pacto más antiguo que tú historia,

Caminaste sin saberlo incontables pasos,

Y tan sólo preámbulos han sido,

Para este territorio neutral;

Un parque en el Barrio de caballito.

Desde tu primer día y hasta éste,

Te han instruido en todas las artes y las ciencias,

Has estudiado las movidas más ilustres,

Y finalmente has comprendido que las noches,

no han sido del todo en vano.

Los cielos o los infiernos,

Te han convertido en un actor fundamental,

Te han forzado a participar en la guerra,

Que disputan encarnizadamente,

Los largos días,

Y las eternas noches.

Tú Demasto,

Has nacido bajo la protección de la luna,

Dejarás que el otro hombre comande el blanco ejército,

Y te ubicarás entre los peones embusteros y decididos,

Que han sido dotados por una oscura tez

Capaz de crear la ilusión de pasos que se amagarán,

y que no llegarán a consumarse nunca.

Al final de los tiempos,

La matemática dictaminará quien ha vencido,

No se te concederán los días para ver ese momento,

Solamente te ha de quedar el consuelo,

De una partida ganada,

Y el honor de ser recompensado,

En forma de cuerpo celeste.

(Fuente: Blog de Poesía Demasto)

Ya empieza en leve cadencia

el ritmo apremiante del reloj

y se sumergen las inteligencias

en la fría guerra de las treinta y dos


Mas, ¿Puede haber guerra donde no hay sudor

puede haber combate sin flechas ni espadas

si el músculo apenas le da un empujón

a las figurillas de líneas torneadas?


No, no hay muerte ni gritos sólo la estridencia

de los mudos choques de la comprensión

que fieles se guían por la diferencia

una orilla blanca, la otra de color


Hay en cada esquina firmes construcciones

torres de granito, casas de arsenales

que avanzan por rieles en las direcciones

de los cuatro abiertos puntos cardinales


Con agudo avance rasgan los alfiles

sus lineas marciales, por la diagonal

y en saltos mortales de históricas lides

las formas equinas resuelven su andar


Y la bella dama, la más poderosa

que ostenta la fuerza y la autoridad

como alfil o torre puede hacer las cosas

distinguida reina, pura calidad


¿Cómo en el pequeño valle persistente

donde se abandona cada jugador

puede tanto ingenio hacerse presente

mediante caminos de mínima acción?


¿Cómo en ese espacio reducto y cerrado

donde se enanizan las formas de Dios

puede haber un vasto mundo desplegado

de posible avance, de combinación?


Y en la estratagema de bélica opción

se ampara tu engaño, azar disfrazado

en la falsa idea de la selección

cuando el hombre elige frente a su adversario


Pero finalmente ¿Quién mueve las piezas?

¿Quienes determinan este resultado?

¿Son los caballeros de humana cabeza?

¿O es que todos somos peones jugados?


(Fuente: Poesía de Ajedrez)

Atención, compañero a la partida,

pues la puedes perder en un instante

al iniciar el juego es importante

afrontarlo de forma decidida.


El Ajedrez es lucha cual la vida,

por ser la vida un ajedrez constante,

profundiza mejor, sigue adelante

y abre la diagonal de acometida.


El clarín del combate te reclama

¡y juega fuerte, porque así es la guerra!

esquiva aquel ardid, la fila bate,

ataca ese peón, salva tu dama.


¡Tú eres el vencedor!,

el otro yerra…

Y como consecuencia,

Jaque Mate!

Sobre el tablero tu poesía es sutil lance.


Eterna fuente viva de sueños y agonía

que impulsas a la mano en pensamiento

y dejas en cada jaque un sufrimiento.


Generadora de mil tácticas punzantes

que el cielo pareces tocar con sutileza

y muestras en cada jugada tu grandeza.


Mástil de luz que a buen puerto guías

la nave en norte rumbo a libre playa,

en dulce empeño que jamás desmaya.


Como tú nada hay en la existencia

que te iguale en alegrías y pesares,

o equipare a la fuerza de tus mares.


¡Oh, Caissa, madre de mi noble causa!

de ti quedé esclavo fiel eternamente,

atado en gordiano nudo a tu simiente.

I

Vuelve de nuevo el poeta

con toda su inspiración,

buscando siempre respuesta

para alguna solución.


II

Hay que fijarse una meta

es mi sencilla opinión,

tener la mente despierta

y mucha concentración.


III

Para lograr la perfecta

y buena combinación,

mover la pieza correcta

a la mejor posición.


IV

En el tablero se suelta

esa gran revolución,

adelante va resuelta

la batalla del peón.


V

La dama siempre dispuesta

apoyar su batallón,

y el Rey sólo se acuesta

cuando hay una rendición.


VI

Y yo con mi mente inquieta

aprovecho la ocasión,

para dar una respuesta

con la mejor intención.


VII

El contrario se respeta

aunque no esté en condición,

y se mantiene con esta

una gran evaluación.


VIII

No sé cómo lo interpreta

el pueblo o mi nación,

el juego ciencia completa

cultura y educación.


IX

Este juego no se presta

para trampas o traición,

multiplica, suma y resta

según sea la situación.


X

No crean que es una fiesta

enfrentarse a un campeón,

resolver cuando te reta

torre, alfil, caballo y peón.


XI

Un caballo sin falseta

no tiene controlación,

y como lo dice el poeta

verán que tiene razón.

En el monitor, dos bandos

de distintos colores

luchan en un final

de ajedrez jubilado.


Hay un rey postrero

en cada lado

torres homéricas

y peones agresores.


Las otras piezas

que irradian mágicos rigores

no existen en ese tablero

tenuemente tramado.


Al ganar, el rey de Borges

se siente regocijado,

pero debió sufrir muchos

jaques acosadores.


Igualmente en el devenir de los días

las personas serán felices al vencer

en el claro oscuro juego

de sus biografías.


Mas para su logro deberán padecer

y al jubilarse en la vida,

todas las alegrías

sólo habrán sido instantes del largo acontecer.

Sobre un terreno cuadrado

se lucha a cada lado,

y comienza una batalla

pues dos reinos

quieren la medalla.


Ocho valientes soldados,

dos torreones bien altos,

dos caballeros saltando,

un par de princesas,

y una bella dama,

defienden a su rey.


Ambas dinastías

compiten por su patria

mas uno va a perder

y no hay nada que hacer.


Al final de la contienda

un jugador se ha rendido

y su rey, ya cansado,

al tablero ha caído.


Con furia y alegría

llegó la despedida

sólo queda dar la mano,

¡la partida ha terminado!

Fue un tablero aquél, tu amor, y la jugada

fue la vida que perdí por un momento.

Me encerraste entre torres escarpadas

y acosado por corceles de desprecio

batallé como un rey enardecido

pero el jaque estaba dado…

… y caí muerto.

Llego a la mesa, saludo y me siento,

contemplo las piezas sobre el tablero,

cojo el papel y apunto con esmero

el primer meditado movimiento.


Mi rival me observa desde su asiento

y mueve sin dudar un caballero,

medita cauteloso un plan guerrero

que tengo que dejar en simple intento.


Y me adentro sin miedo en la espesura,

voy viendo como las piezas encajan:

mi mente se desplaza en la apertura.


Mi imaginación astuta trabaja

buscando algunos trucos y diabluras

para ganar un poco de ventaja.

Descansa en el espacio sideral,

en cualquier lugar que te halles,

(reposa lobo estepario y huraño)

ya no oyes el ruido de las calles,

tu voz es muda, tu espíritu dual.

Goza libre de esa celestial calma,

quizás juegas un gambito infinito

(con otro Goliat de los tableros)

de los que en vida llamaste mito

y que ahora sí, dan paz a tu alma.

Gran escultor de nobles trebejos,

entrégate sin prisas a ese devenir,

(que ahí, dulce paraíso, te rodea)

déjate llevar del nuevo porvenir,

da paz a tu ser, ya sin complejos.

Sé que los blanquinegros ángeles

te protegen y cuidan con esmero,

(bajo la celeste bóveda de amor)

ellos velan por tu sueño austero

con Caissa pura y los arcángeles.

Descansa Bobby, en etéreo suelo,

Gran Maestro, estrella fulgurante,

(genio inimitable entre tus pares)

que eterno sea tu reino triunfante

en el remanso alegre de ese cielo.

Algún día iré a la tumba discreta

donde yacen tus ilustres huesos

(no llevaré flores, sólo mi ánimo)

y allí te contaré de los progresos

que en este arte puro hacen treta.

Y al irme dejaré en tu dura lápida

una hermosa pieza, un rey de oro,

(simple símbolo de rutilante luz)

para así decirte cuánto te valoro,

¡e invitarte a una partida rápida!